La artista Chilena llegó a Radio City Music Hal, en la ciudad de New Yorkl con su Femme Fatale Tour y convirtió el escenario neoyorquino en algo mucho más que un concierto.
Durante 2 horas y 35 minutos, la artista chilena presentó principalmente canciones de Femme Fatale Vol. 1 y Vol. 2, trabajos que marcaron la primera parte del espectáculo con una fuerte influencia jazzística, sonidos latinoamericanos y una narrativa profundamente teatral.
Con seis músicos en vivo, cuatro bailarines y un elenco de alrededor de 18 actores en distintos momentos, la música, la danza y la actuación se convirtieron en una sola puesta en escena.

Una mujer, distintas versiones de sí misma
Pero quizás el elemento más interesante estuvo en la propia transformación de Mon Laferte.
La artista apareció inicialmente vestida de novia, con los ojos cubiertos y las manos atadas. Una imagen que puede interpretarse como la representación de una mujer condicionada por expectativas, roles y capas que otros han construido sobre ella.
Después llegó la detective, completamente vestida de rojo. Y allí comienza el proceso de búsqueda: descubrir, investigar y quitar capas.
El vestuario rojo dio paso a una imagen más elegante, reapareciendo con pantalón, leva negra y camisa blanca, mostrando más la fuerza masculina, pero en un proceso de cambios en escenario en cada línea de sus canciones, iba quedando íntimamente expuesta en lencería negra y luciendo su cabello corto, natural; dejando atrás las pelucas rubias que utilizó en los actos anteriores. No como una provocación gratuita, sino como una representación de una mujer que también puede reconocerse, mostrarse y disfrutar de su propia intimidad desde la seguridad de ser quien es.
Luego sale elegante, vestida de rosa y con la banda de “Femme Fatale” como una reina.
Esta metamorfosis podía leerse entonces como un recorrido: de una mujer atada, a una mujer que se descubre, se reconoce, se transforma y finalmente se corona a sí misma.
Y el regreso final al vestido de novia adquiere otro significado. Ya no aparece atada y cegada. Es la misma novia, pero ahora libre, consciente y feliz.

Blanco, negro y rojo: el lenguaje de Femme Fatale
Los colores acompañaron esa lectura.
El blanco y negro, predominante en las pantallas y la escenografía, evocó una estética vintage y una dualidad permanente. El rojo, presente especialmente en las letras y elementos visuales, funcionó como el hilo conductor de la fuerza, el deseo y la transformación.
Las pantallas mostraron fotografías de la artista, gráficos y escenas relacionadas con las canciones. En uno de los segmentos más llamativos, incluso se recreó entrevistas a participantes concurso “Miss Femme Fatale” con diferentes representaciones de la mujer, incorporando una lectura sobre los distintos roles y estereotipos femeninos.

Una noche de fusiones latinoamericanas
Musicalmente, el espectáculo recorrió jazz, pop, rock, cumbia, salsa y balada, manteniendo el particular sello vintage que caracteriza a Mon Laferte.
La presencia de músicos en vivo y la participación de los bailarines y actores hicieron que cada canción se sintiera como parte de una historia mayor.
“Volveré” fue uno de los momentos más emotivos, especialmente para un público mayoritariamente latino. La historia de regresar algún día a casa encontró una conexión especial con una audiencia que, como millones de migrantes, ha tenido que construir su vida lejos de su lugar de origen.
Los grandes éxitos provocaron una respuesta inmediata. “Mi buen amor” y “Amárrate” estuvieron entre las canciones más coreadas, mientras “Tu tanta falta de querer” se convirtió en uno de los momentos vocalmente más intensos de la noche.
La inclusión también formó parte natural de la propuesta, tanto en las coreografías como en las imágenes proyectadas, con una representación abierta de la diversidad. La sensualidad estuvo presente durante todo el espectáculo, pero construida desde una estética elegante, teatral y cuidadosamente coreografiada.
Entre la estructura perfectamente diseñada del show también hubo espacio para la espontaneidad: besos volados al público, momentos de complicidad y hasta la celebración del cumpleaños de un integrante de su staff.
Y en uno de los momentos más divertidos de la noche, mientras hablaba sobre estar en uno de los escenarios más emblemáticos de Nueva York, Mon Laferte soltó:
“No mames, estoy cantando en el Radio City Music Hall.”
La frase provocó inmediatamente la complicidad del público.

Una Femme Fatale que se transforma
El cierre llegó con “Una vida normal”, con un evidente espíritu Broadway – Neoyorkino
Y quizás ahí está la esencia de esta Femme Fatale: una mujer que atraviesa distintas versiones de sí misma hasta dejar de ser el personaje que otros esperan y convertirse, finalmente, en la mujer que decide ser.
En Radio City Music Hall, Mon Laferte no solo cantó esa transformación. La puso en escena.

Por: Iván Veloz | Public Relations – MakroDigital Televisión
New York, USA

